domingo, 23 de noviembre de 2014

Varada, en la playa de los tacones olvidados,  de quien se lanzó al mar y olvidó  volver.

Atrapada en la isla de los niños muertos.

Precipicio de un solo paso, pero… el fondo es tan negro…

Vértigo. No puedo.

Todos pasan menos yo,  que me quedo.

La otra se fue nadando y yo cuido su mentira, por si vuelve.

Rodeada. El mar y todos esos huevos muertos…

Un solo paso, un solo paso… ¡lo dan hasta los viejos!... no puedo...
Un solo paso, un solo paso… ¡si, un solo paso!... ¡¡¡pero es el más difícil de todos los pasos!!!

Y  todo se desvanece. De repente.

      Apartando a tanta gente encuentro a la Niña
 absorta
                                                                         en el  juego.                                                                                                                         
La que dijo

¡¡¡BASTA!!!

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Caleidoscopio IV


 Miles de hombres murieron, dicen que por mi culpa y yo quiero confesarlo aunque sólo me escuchen estas paredes, en la soledad de mi cuarto, aunque nunca nadie me oiga, porque todos quieren creer lo contrario: A mí no me raptó Paris, yo me fui con él.

¿Porqué todos quieren creer lo contrario?

A mí me raptó Teseo, el hijo de Poseidón, a la edad de nueve años, cuando aún trenzaba mis cabellos y disfrutaba de los juegos de niñas. Un día, mientras ofrecía a la bella Artemisa, la que hiere de lejos y vive en el bosque con sus hermanas, él me llevó.

Mi Diosa no me protegió. ¿Quién puede resistir la fuerza del hombre que señala a una hembra? ¿Con qué arma? ¿La belleza?

A mí no me raptó Paris, fue Afrodita quien lo invistió de tal hermosura y perfección que nubló mi voluntad. Paris era joven, esbelto y de mirada soñadora. El me miró y yo le seguí.

Cierto que yo era mujer casada, pero yo no elegí el matrimonio. No fui yo quien eligió al que sería rey de Esparta. Ojalá hubiera yo tenido tal poder de decisión. Tampoco tuve elección ante aquella mirada...

¿Quién puede resistir la fuerza del deseo jalando de las entrañas? ¿Y con qué arma? ¿El deber?

sábado, 25 de octubre de 2014

Caleidoscopio III


El Santo Oficio… ¡Menudos son! Y mira que yo soy lista, más lista que ellos, pero ellos son tenaces, son tenaces hasta el hartazgo, hasta que te pillan en un descuido. Que qué libros lees, qué andas escribiendo, que porqué viajas tanto, a qué vienen tantas entrevistas con esos monjes, que tu ya tienes tu confesor, el que te han asignado, que para eso el Señor Obispo, que es un santo, sabe lo que es mejor para ti… 
        Mi pobre padre no supo qué hacer conmigo, no podía entender y menos responder mis preguntas. Yo le pedí que me trajera al convento, en busca de paz. Me decía, hija, los porqués sólo El Altísimo los sabe, no quieras ser más que Dios. No entendía que yo no quiero ser más que nadie, lo que yo quiero es saber dónde nacen todas estas preguntas que no me dejan, quiero saber si alguien sabe las respuestas. 
        A Dios le ruego en mis plegarias que me libere de esta carga que yo no he pedido, que me libere o que me de las respuestas… El Señor Obispo, que es un santo, me recomienda ayuno y rezo y resignación a los designios del Señor, que sólo él sabe porqué me ha mandado esta carga para hacerme más fuerte y servirle mejor. 
        Pero yo sé que todo lo que Dios ha creado ha sido bajo su designio y su dirección y que si Dios ha creado los ríos es para darnos agua y si ha creado los árboles es para darnos sombra y fruto… y si Dios, que me ha creado, me envía estas preguntas es para que tengan su respuesta. 
        Yo sé que hay libros donde hay muchas respuestas, pero no me los dejan leer, sólo los pueden leer los monjes y sólo bajo Su supervisión. Que si esa no es la función de una monja, que si estoy yendo contra la Norma, que quién me envía esas preguntas, que si no será el Diablo… 
        Porque en este mundo existe una Ley, un orden contra el que una mujer no puede ir nunca sin atraer la desgracia sobre ella. 

domingo, 12 de octubre de 2014

Un día cualquiera

   Un día de cualquier año, en una ciudad de tantas, dos personas hablan del tiempo, que parece que al fin está cambiando. El Universo las observa.
   Una espora mecida por las manos del viento se encuentra con el tronco de un árbol y es depositada en la ranura fértil que la acoge como su nuevo hogar, siente la corriente de la savia tronco arriba que porta el alimento, incansable, hasta llegar a las ramas, donde se detiene depositándolo al borde del futuro donde esperará hasta la próxima primavera, mientras una hoja se deja caer haciéndole hueco, planea camino de la hierba al fin, entregándose al lecho, ofrenda en manos del tiempo que empieza a traer el agua saltarina y ruidosa, celebrando su vuelta desde tan lejos, siempre distinta y siempre la misma, volverá a emprender caminos, grandes y pequeños, nuevos y antiguos, y cumpliendo el plan encomendado, portadora, destructora, alcahueta, matriz y mensajera, inundará la tierra con su alegría.
   Y sí, parece que el tiempo está cambiando y todo empieza de nuevo, mientras el Universo nos observa.

jueves, 2 de octubre de 2014

Caleidoscopio II

     Porque como en casa de uno no se está en ningún sitio, eso ha dicho siempre mi madre, pero tengo que ir a misa, claro, qué va a decir la gente, ¡qué va a decir el cura! Me gustaba ir al colegio pero ya se acabó porque ya no somos niñas y tenemos que aprender a llevar una casa.

Echo de menos las risas. No me gusta hacerme mayor porque ya no puedo jugar por la calle con las amigas. Me lo pasaba muy bien con ellas, eran muy atrevidas y se reían mucho con mis cosas, yo les gustaba y me decían pero qué cosas se te ocurren y se reían. Ahora ya no podemos hacer esas cosas. 

A mi amiga María la viene a ver un hombre. Viene de la ciudad y lleva un sombrero muy elegante, es amigo de su padre, aunque ella dice que no, que es el hijo del amigo de su padre, no sé, es muy serio. Cuando estamos solas seguimos hablando igual de nuestras cosas pero cuando llega él mi amiga se pone seria y su madre me mira con mala cara y me dice que me vaya, que tu madre se estará preguntando dónde estás tanto rato en vez de ayudarla con la casa, porque tenemos que aprender a llevar una casa.

A mi lo que me gusta es leer libros en mi cuarto o en el patio del corral, por donde no pasa nadie, que ya sé que huele a animales, y que porqué cierro la puerta del cuarto como si escondiera algo, que me estoy criando como una salvaje y así no me voy a echar novio. 

Me gustan los libros de aventuras. Leí uno que me hizo llorar una barbaridad pero aún así me gustó mucho. María dice que cómo es posible que te guste una cosa que te hace llorar, que a ella lo que le gusta es reirse y que el señor este que viene a verla la va a llevar un día a ver un vodevil a la ciudad, que es un teatro en el que te ríes mucho porque los actores hacen cuchufletas y se monta un lío tremendo. Yo me río cuando me lo cuenta pero me quedo triste porque se acabará yendo con ese hombre, que es un hombre muy bien sitiado en la capital, todo un caballero y qué suerte tenemos que se ha fijado en nuestra María.

El libro que me gustó tanto trataba de un caballero medieval que está comprometido por su familia para casarse con una dama a la que no conoce y cuando va a visitarla resulta que ella es muy guapa, por lo que él se alivia un montón, claro, pero entonces conoce y se enamora de otra muchacha que vive también en la villa del padre de la dama, que es un gran señor, claro, por eso ella es una dama. Y pasan un montón de cosas de aventuras y eso, pero el final es muy triste porque él no puede casarse con la muchacha que de verdad le gusta y a ella, como no quiere andar con nadie sino vivir sola y vive sola en una cueva en el bosque, la acusan de bruja y tu ya sabes cómo eran esas cosas antes, así que la queman en la hoguera, por bruja.

Y él se queda muy triste por no poder defenderla de la Inquisición, que eran los curas de entonces. 


domingo, 7 de septiembre de 2014

Caleidoscopio I

      
                                                                                                                                                                         Gracias Nadja.

La luna me llama para que vaya a bailar con ella. Voy al claro del bosque y salto y río y bailo con la luna..., dando vueltas hasta que caigo mareada al suelo.

Los días que sangro ella se me mete dentro y me dice que corra, me aprieta el corazón hasta hacerme llorar y gritar y yo me escondo en mi cueva y me agarro fuerte las piernas contra el pecho hasta que se calma, en mi cueva que nadie conoce, sin nadie que me mire ni me diga que soy tonta.

Porque cuando estoy en mi cueva no tengo miedo, cierro los ojos y me imagino viviendo sola allí, donde guardo mis tesoros. Pero no puedo estar mucho tiempo, porque me vendrían a buscar los hermanos y encontrarían mi casa y me dirían que qué hago allí como una salvaje y se reirían de mí y romperían mis cosas. Me moriría si la descubrieran, tengo que volver con las cabras para que no salgan a buscarme. Me gusta estar en mi cueva porque allí nadie se ríe de mí ni me pregunta en qué ando. En mis cosas y se ríen, tus cosas son la cocina y las cabras.

Me gustan las cabras. Ellas me dejan que las toque porque saben que no les voy a hacer daño, ellas lo saben, ellos se ríen. Yo les hablo con los labios cerrados para que no me peguen ni me llamen loca. Ellas saben que la luna me habla y yo les cuento lo que la luna me cuenta y las cosas que hago cuando estoy en mi casa.

Cuando vuelven las flores a la orilla del río me gusta bailar con el agua. Ella salta sobre las piedras y yo salto con ella y le dejo que me acaricie las piernas. Sólo dejo que me acaricie todo el cuerpo cuando no está la luna, para que nadie pueda verme. Como cuando bailé con el barro y él me acarició y ellos me pegaron. que ya no soy una niña, que tengo que pensar, pero yo pienso muchas cosas sólo que ellos no lo saben, sólo se lo cuento a las cabras y a las flores, cuando vuelven.

Me da miedo ir al río donde se hace grande, les he dicho que es por el agua, ellos dicen que soy una vaga, que no quiero ir a lavar. Yo lo que no quiero es que me miren. Las mujeres me miran y se ríen, pero no me pegan. Cuando pasa el hombre del caballo ellas bajan la cabeza porque nos mira y da vueltas con el caballo pateando alrededor nuestro. Cuando ya se ha ido me vuelven a mirar, pero ya no se ríen, se quedan calladas o me mandan que me vya para la casa con los hermanos. No me gusta ir a lavar.

A mi lo que me gusta es bailar con la luna. Y estar en mi cueva.


miércoles, 6 de agosto de 2014

"Mi nombre  es Atalanta, hija de Atamante  y Temisto..." Dicen  que soy hermosa y  mi belleza admira a los hombres tanto como mis artes para la caza. Dicen que mi vida está consagrada  a  la diosa  Artemisa y  no  quiero  marido. También  dicen que  rehuyo  el contacto con otros humanos y prefiero la soledad del bosque.

Mi nombre es Atalanta, hija del bosque y de  la  madre osa que me amamantó. Vivo  en armonía con la naturaleza que me  circunda, bendiciendo a los hermanos de los que me alimento; amo la libertad de correr entre los árboles y bañar mi cuerpo en los apartados ríos, lejos  de  todo  juicio;  y  amo las  noches  de  luna  en  que  el  bosque  no duerme admirado de su propia belleza.

Cuentan de mi que reto a mis pretendientes a una carrera  con la condición de  que sólo si  me  vencieran me casaría con ellos y que tras vencerlos les doy muerte. Lo cierto es que sé que ninguno de ellos podrá vencerme y con esta treta evito el matrimonio,  pero no es verdad que les mate, sólo les venzo.

Cuentan  que  maté  a  la bestia de Calidón  y así fue. Muchos  hombres habían perecido intentándolo  y  a la llamada de Eneo acudimos héroes de toda Grecia. Allí  me encontré con  Meleandro, quien  fue  mi  gran  compañero.  Juntos  cazamos  al  jabalí,  mi flecha certera le alcanzó y su espada lo remató. El quiso reconocer mi  hazaña entregándome la cabeza  de  la  bestia  pero los  hombres  de su familia no estaban dispuestos a aceptarlo. Defender mis méritos fue el motivo de su muerte, por obra de su propia madre...

Su recuerdo tan amado  siempre me acompaña.

Cuenta  Apolonio  que Jasón  no me aceptó cuando  seleccionaba a  los mejores de toda Grecia para viajar a la Cólquida  y que lo hizo no por mi ausencia de valor, sino por ser mujer  y  ser  hermosa.  Pero  no  es  cierto,  por  suerte  en  los  antiguos escritos se me reconoce. Yo fui una de los argonautas y disfruté del privilegio de alcanzar el Vellocino de Oro.

Cuentan  que  Hipómenes  me venció en la carrera. ¡¡ Por supuesto que me venció!! No solicitó ayuda para pretender mejorar mi destreza,  sino para enamorarme.  No acudió a la  intervención  de  la diosa Hera  para  someterme  al  matrimonio;  fue  con  la  ayuda de la hermosa Afrodita como me conmovió y pudimos amarnos.

Mi nombre es Atalanta y vivo con mis hermanas y hermanos en el bosque, en armonía con la Vida.