Mi nombre es Atalanta, hija del bosque y de la madre osa que me amamantó. Vivo en armonía con la naturaleza que me circunda, bendiciendo a los hermanos de los que me alimento; amo la libertad de correr entre los árboles y bañar mi cuerpo en los apartados ríos, lejos de todo juicio; y amo las noches de luna en que el bosque no duerme admirado de su propia belleza.
Cuentan de mi que reto a mis pretendientes a una carrera con la condición de que sólo si me vencieran me casaría con ellos y que tras vencerlos les doy muerte. Lo cierto es que sé que ninguno de ellos podrá vencerme y con esta treta evito el matrimonio, pero no es verdad que les mate, sólo les venzo.
Cuentan que maté a la bestia de Calidón y así fue. Muchos hombres habían perecido intentándolo y a la llamada de Eneo acudimos héroes de toda Grecia. Allí me encontré con Meleandro, quien fue mi gran compañero. Juntos cazamos al jabalí, mi flecha certera le alcanzó y su espada lo remató. El quiso reconocer mi hazaña entregándome la cabeza de la bestia pero los hombres de su familia no estaban dispuestos a aceptarlo. Defender mis méritos fue el motivo de su muerte, por obra de su propia madre...
Su recuerdo tan amado siempre me acompaña.
Cuenta Apolonio que Jasón no me aceptó cuando seleccionaba a los mejores de toda Grecia para viajar a la Cólquida y que lo hizo no por mi ausencia de valor, sino por ser mujer y ser hermosa. Pero no es cierto, por suerte en los antiguos escritos se me reconoce. Yo fui una de los argonautas y disfruté del privilegio de alcanzar el Vellocino de Oro.
Cuentan que Hipómenes me venció en la carrera. ¡¡ Por supuesto que me venció!! No solicitó ayuda para pretender mejorar mi destreza, sino para enamorarme. No acudió a la intervención de la diosa Hera para someterme al matrimonio; fue con la ayuda de la hermosa Afrodita como me conmovió y pudimos amarnos.
Mi nombre es Atalanta y vivo con mis hermanas y hermanos en el bosque, en armonía con la Vida.