miércoles, 19 de noviembre de 2014

Caleidoscopio IV


 Miles de hombres murieron, dicen que por mi culpa y yo quiero confesarlo aunque sólo me escuchen estas paredes, en la soledad de mi cuarto, aunque nunca nadie me oiga, porque todos quieren creer lo contrario: A mí no me raptó Paris, yo me fui con él.

¿Porqué todos quieren creer lo contrario?

A mí me raptó Teseo, el hijo de Poseidón, a la edad de nueve años, cuando aún trenzaba mis cabellos y disfrutaba de los juegos de niñas. Un día, mientras ofrecía a la bella Artemisa, la que hiere de lejos y vive en el bosque con sus hermanas, él me llevó.

Mi Diosa no me protegió. ¿Quién puede resistir la fuerza del hombre que señala a una hembra? ¿Con qué arma? ¿La belleza?

A mí no me raptó Paris, fue Afrodita quien lo invistió de tal hermosura y perfección que nubló mi voluntad. Paris era joven, esbelto y de mirada soñadora. El me miró y yo le seguí.

Cierto que yo era mujer casada, pero yo no elegí el matrimonio. No fui yo quien eligió al que sería rey de Esparta. Ojalá hubiera yo tenido tal poder de decisión. Tampoco tuve elección ante aquella mirada...

¿Quién puede resistir la fuerza del deseo jalando de las entrañas? ¿Y con qué arma? ¿El deber?

No hay comentarios:

Publicar un comentario