Un día de cualquier año, en una
ciudad de tantas, dos personas hablan del tiempo, que parece que al fin está
cambiando. El Universo las observa.
Una espora mecida por las manos
del viento se encuentra con el tronco de un árbol y es depositada en la ranura fértil
que la acoge como su nuevo hogar, siente la corriente de la savia tronco arriba
que porta el alimento, incansable, hasta llegar a las ramas, donde se detiene
depositándolo al borde del futuro donde esperará hasta la próxima primavera,
mientras una hoja se deja caer haciéndole hueco, planea camino de la hierba al
fin, entregándose al lecho, ofrenda en manos del tiempo que empieza a traer el
agua saltarina y ruidosa, celebrando su vuelta desde tan lejos, siempre distinta
y siempre la misma, volverá a emprender caminos, grandes y pequeños, nuevos y
antiguos, y cumpliendo el plan encomendado, portadora, destructora, alcahueta,
matriz y mensajera, inundará la tierra con su alegría.
Y sí, parece que el tiempo está
cambiando y todo empieza de nuevo, mientras el Universo nos observa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario