domingo, 12 de octubre de 2014

Un día cualquiera

   Un día de cualquier año, en una ciudad de tantas, dos personas hablan del tiempo, que parece que al fin está cambiando. El Universo las observa.
   Una espora mecida por las manos del viento se encuentra con el tronco de un árbol y es depositada en la ranura fértil que la acoge como su nuevo hogar, siente la corriente de la savia tronco arriba que porta el alimento, incansable, hasta llegar a las ramas, donde se detiene depositándolo al borde del futuro donde esperará hasta la próxima primavera, mientras una hoja se deja caer haciéndole hueco, planea camino de la hierba al fin, entregándose al lecho, ofrenda en manos del tiempo que empieza a traer el agua saltarina y ruidosa, celebrando su vuelta desde tan lejos, siempre distinta y siempre la misma, volverá a emprender caminos, grandes y pequeños, nuevos y antiguos, y cumpliendo el plan encomendado, portadora, destructora, alcahueta, matriz y mensajera, inundará la tierra con su alegría.
   Y sí, parece que el tiempo está cambiando y todo empieza de nuevo, mientras el Universo nos observa.

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