Cuando has sido una buena
esposa y madre y has hecho todo lo que estaba mandado sin pensar en más, porque
no hay nada más y de la vida no esperas nada; qué puedes esperar de una vida que se decide en un segundo, un gesto, una
risa, un hombre que pasa por la calle y levanta la vista.
Quién podía pensar que tantos años después él aparecería y tu volverías a los doce años y a aquel encuentro que nunca fue.
El marido no fue malo
conmigo. Traía dinero a casa, bebía lo normal y era rudo, pero nos cuidaba. A
su muerte los hijos eran hombres y la chica estaba casada, ya sólo me esperaba
criar nietos cuando Dios quisiera.Y todo por una chiquillada, porque padre
descubrió la nota y mi amiga quiso protegerme y aquel hombre pasó por la calle
y levantó la cabeza hacia mi ventana... Aquel hombre pasó a ser el marido,
pero no era él. El se fue, dijeron que a América, y yo me quedé casada.
Quién podía pensar que tantos años después él
aparecería y te miraría así...Cuando la mirada de un hombre te atraviesa ya sólo vives por esa mirada, olvidas quién eres y te dejas morir por él. Y no le puedes buscar pero le buscas y no le quieres pensar pero no te lo puedes sacar de dentro. Y quisieras atarte las manos y el gesto, trancar la casa, pero se te escapa el cuerpo y el alma… Y él te huele y te espera…
Ahora soy yo quien se va a América, alejándome de eso que llaman mi vergüenza, con un hijo en el vientre, fruto de mi amor.
Porque mi amor es mío y de nadie más.
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